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Europa bajo fuego

Por tercer verano consecutivo, el continente europeo atraviesa un ciclo de calor extremo que ya deja miles de muertes. Los científicos coinciden en que el fenómeno El Niño, en pleno fortalecimiento en el Pacífico, actúa como un acelerador sobre una base climática que ya viene sobrecalentada.

Europa bajo fuego

Por tercer verano consecutivo, el continente europeo atraviesa un ciclo de calor extremo que ya deja miles de muertes. Los científicos coinciden en que el fenómeno El Niño, en pleno fortalecimiento en el Pacífico, actúa como un acelerador sobre una base climática que ya viene sobrecalentada.

Por Silvia Romero

 

El verano boreal de 2026 quedará marcado por una sucesión inusual de olas de calor sobre Europa. La primera llegó a fines de mayo; la segunda, mucho más intensa y prolongada, se instaló a partir del 20 de junio y dejó un saldo devastador: los conteos preliminares de Francia, Bélgica y Países Bajos elevan a 3.700 las muertes adicionales atribuibles al fenómeno, y las autoridades sanitarias advierten que la cifra final será todavía más alta. Más de dos tercios de los 410 millones de habitantes del continente llegaron a estar expuestos a temperaturas superiores a los 35 °C durante ese episodio.

Para colmo, no fue un hecho aislado. Los modelos del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) anticiparon ya una tercera ola de calor para la primera semana completa de julio, con máximas de entre 40 y 44 °C proyectadas sobre Francia y buena parte de la península ibérica. Julio y agosto son, de por sí, los meses más cálidos del calendario europeo, pero este año las anomalías térmicas previstas superan ampliamente los valores normales de la temporada.

 

El Niño, el ingrediente que se suma

En paralelo a este escenario, en el Pacífico ecuatorial se está consolidando uno de los eventos de El Niño más intensos registrados desde que existen mediciones, es decir, desde 1950. Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, el fenómeno tiene un 97% de probabilidades de mantenerse activo hasta comienzos de 2027 y un 81% de alcanzar una intensidad calificada como «muy fuerte» entre octubre y diciembre de este año.

El Niño es la fase cálida del ciclo natural conocido como ENSO (El Niño–Oscilación del Sur), que se produce cuando el agua superficial del Pacífico central y oriental se calienta por encima de lo habitual. Ese calentamiento no se queda confinado en el océano: reconfigura los vientos alisios, altera la presión atmosférica y termina modificando los patrones de lluvias y temperatura en regiones muy alejadas del Pacífico, Europa incluida. Su influencia suele notarse con más fuerza en el hemisferio norte durante el invierno, pero un evento de esta magnitud puede dejar huella también en los meses de verano, sumando calor de origen oceánico al que ya generan los patrones atmosféricos propios de la región, como los llamados domos de calor que se forman cuando una masa de aire caliente queda atrapada sobre un territorio durante días.

Una tendencia que no depende solo del ENSO

Sin embargo, los especialistas insisten en que atribuir las olas de calor únicamente a El Niño sería un error de lectura. Europa es, según coinciden distintos estudios climáticos de los últimos años, el continente que más rápido se calienta del planeta: su temperatura ha aumentado a un ritmo aproximadamente el doble del promedio mundial en las últimas décadas. Ese calentamiento de fondo, impulsado por la acumulación de gases de efecto invernadero, es el que explica por qué episodios que antes eran excepcionales —como superar los 40 °C en zonas de Francia o el Reino Unido— se repiten ahora año tras año, incluso en veranos sin un El Niño particularmente activo, como ocurrió en 2022 y 2023.


 

 

Lo que distingue a 2026 es la coincidencia de ambos factores: una tendencia de fondo ya alterada por el cambio climático, sobre la que se monta ahora un evento de El Niño de gran magnitud. Los propios organismos meteorológicos remarcan que, incluso los eventos de El Niño más intensos de la historia, no producen efectos idénticos en todas las regiones del planeta, por lo que la relación entre este fenómeno y cada ola de calor puntual en Europa debe leerse como una influencia adicional y no como una causa única o mecánica.

Una historia de calor extremo que no siempre coincide con El Niño

Para dimensionar lo que ocurre en 2026 conviene mirar hacia atrás. Europa acumula, en lo que va del siglo, una serie de olas de calor históricas que no guardan una relación estable con el estado del ENSO: algunas de las más letales ocurrieron con el Pacífico en fase neutral o incluso en La Niña, mientras que otras coincidieron con un El Niño en desarrollo.

  • 2003. La ola de calor de aquel verano, la más grave del siglo XX y XXI en Europa hasta entonces, dejó más de 70.000 muertos en doce países. El Pacífico venía de un episodio de El Niño débil a fines de 2002, pero para el momento del pico de calor europeo las condiciones ya eran básicamente neutrales. Es decir: la catástrofe de 2003 ocurrió sin un El Niño activo de por medio.
  • 2010. La ola de calor que golpeó Rusia y el este de Europa ese verano se desarrolló mientras el Pacífico transitaba de un El Niño moderado hacia una La Niña que se volvería muy intensa en los meses siguientes. El fenómeno se explicó, sobre todo, por un bloqueo atmosférico persistente y no por la influencia del ENSO.
  • 2015. En este caso sí hubo coincidencia: las olas de calor europeas del verano se dieron en simultáneo con el desarrollo de uno de los El Niño más fuertes jamás registrados, el de 2015-2016.
  • 2018. El verano extremo de ese año, con miles de muertes adicionales en Suiza y Austria, transcurrió con el Pacífico en fase neutral; el débil El Niño de esa temporada recién se formó hacia fin de año.
  • 2019. Récords históricos de temperatura en Francia, Países Bajos, Bélgica, Alemania y el Reino Unido se registraron con un El Niño débil que ya se disipaba camino a la neutralidad.
  • 2022. El verano más cálido registrado en España y gran parte de Europa occidental hasta ese momento ocurrió en pleno desarrollo de una La Niña prolongada (la que se extendió entre 2020 y 2023), la fase fría del ENSO. Es uno de los ejemplos más citados para mostrar que el calor extremo europeo puede intensificarse incluso cuando el Pacífico enfría.
  • 2023. Ese año, calificado por la ONU como uno de los dos más cálidos jamás registrados en Europa, coincidió con el nacimiento de un nuevo El Niño a partir de mayo, aunque buena parte del calor europeo específico se atribuyó a una ola de calor marina inédita en el Atlántico.
  • 2026. El actual ciclo de tres olas de calor sucesivas se da en simultáneo con uno de los episodios de El Niño más intensos de la serie histórica, en pleno fortalecimiento.

La lectura que hacen los especialistas de este recorrido es cautelosa. Investigadores del Imperial College London, tras estudiar el episodio de 2026, concluyeron que ni siquiera un fenómeno como El Niño altera de forma significativa la tendencia de fondo: el calentamiento global de origen humano funciona como un telón permanente que intensifica cada nuevo extremo, con o sin El Niño de por medio. En la misma línea, especialistas en meteorología consultados por medios europeos remarcaron que vincular la ola de calor de 2026 principalmente a El Niño es impreciso, ya que su influencia directa sobre el calor estival europeo es débil y no está bien establecida, a diferencia de lo que ocurre con su impacto —mucho más consistente— sobre sequías, incendios e inundaciones en otras regiones del planeta.


 

 

El costo humano y lo que viene

Las cifras de exceso de mortalidad —que comparan las muertes reales registradas con las esperadas para la época del año— volvieron a poner en el centro del debate la vulnerabilidad de las poblaciones mayores, las personas sin acceso a espacios climatizados y quienes no pueden afrontar el gasto energético que implica refrigerar sus hogares. En Francia, el impacto sanitario y social del fenómeno derivó incluso en tensiones políticas internas.

De cara a lo que resta del año, los pronósticos climáticos no anticipan una tregua: se espera que El Niño continúe intensificándose durante el segundo semestre de 2026, mientras Europa transita la temporada de mayor calor del año, entre mediados de julio y mediados de agosto. La combinación de ambos factores mantiene en alerta a meteorólogos y autoridades sanitarias de todo el continente.

Fuente: www.infografiapolitica.com

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